Granizadas, Antonioni y psicogeografía / by Manuel Márquez

El 27 de abril del 2014 una granizada singular sucedió en Xalapa. Pasadas las cuatro de la tarde de ese domingo, granizos que alcanzaron el tamaño de bolas de billar comenzaron a caer sobre la ciudad, causando caos, daños, y curiosidad en sus habitantes. El alcalde de la ciudad reportaba: "Zona sur de la ciudad afectada por granizo. Reportes de daños materiales, principalmente vehículos, y algunas lesiones personales leves" vía twitter. El evento se convirtió en referencia obligada y acaparó las conversiones de y acerca de Xalapa por semanas. Crónicas personales, comentarios acerca de la escasez de parabrisas en las agencias automotrices, peleas con compañías de seguros entre otras historias; además de un desfile considerable de coches con ventanas improvisadas las semanas posteriores. El evento fue, gracias a las tecnologías modernas, documentado extensamente en fotografía y video, y esos testimonios fueron compartidos en tiempo real y durante los días siguientes en la red. Hay varios videos en YouTube que además de captar la magnitud del evento, captan en mi opinión la esencia del mismo.  

Uno de ellos, titulado Granizada Xalapa 27 abril 2014, publicado por Irving Arredondo en YouTube nos muestra en sus cinco minutos con veinticinco segundos de duración una viñeta de los sucesos en el fraccionamiento Cascadas del municipio veracruzano de Emiliano Zapata durante los minutos finales de la granizada. En términos formales este video es un plano-secuencia, no existe ningún corte en el mismo, y corresponde a la decisión del camarógrafo de escoger un punto en el espacio como POV y registrar cámara en mano el cinema of life que se estaba desenvolviendo frente a él. En estos cinco minutos vemos la realidad de una manera casi coreografiada. El video comienza en medio del suceso y vemos a un perro desconcertado correr, entrar y salir a cuadro; una alarma Viper sirve de soundtrack junto con los golpes de los bloques de hielo sobre techos y el pavimento; granizo rebotando, cables de luz moviéndose, nubes, vecinos asomándose por ventanas, algunos saliendo a cubrir sus coches con mantas para evitar daños. Algo que me sorprende del video de la granizada es la sensación tan clara de fin de semana que tiene, la casi inequívoca cualidad dominical del mismo. Está atardeciendo y todos están en casa cuando un suceso fuera de lo común irrumpe la comatosidad dominical, y vuelca la atención de todo el fraccionamiento hacia la calle. Todo en él, desde el clima, la vestimenta de los protagonistas y el aura del video nos habla de domingo. En realidad, parte de lo interesante del video es su equilibrio: vemos algo inusual pero no muy peligroso, pero esta ausencia de peligro no resta extrañeza a la situación. Esta es una extrañeza calmada, transmitida en parte por el POV del video, pocas cosas son tan reconfortantes como ver llover, o en este caso granizar, desde la seguridad y comodidad de un espacio doméstico.

El video tiene un ritmo y un encanto que genera envidia en mí. Como varias cosas que han sucedido en Xalapa en los años que no he vivido ahí, son recordatorio de ese mood pausado, ligero y mágico al que he renunciado por perseguir empresas personales y profesionales en otros lugares. Xalapa se quedó ahí, con su neblina y su lluvia; con su deterioro social y econónomico; con su PRI, su violencia, sus helechos, y obviamente, con sus granizadas. El ver este video me recuerda de lo que uno pierde cuando deja un lugar por otro y genera tristeza haberme perdido este suceso. También me hace pensar en el carácter único e irreplicable que todo lugar tiene. Todo lugar tiene un ADN particular, que queda impreso en todo suceso que se da en él.

 

La granizada me hace recordar otros tipo de eventos-pausa. Las lluvias, tormentas, los nortes, e incluso los eclipses, son fenómenos naturales que cortan la continuidad temporal de los días. Además, se convierten en experiencias colectivas que son compartidas por el grupo que las está experimentando, casi como si estuvieran en una sala de cine. Existen otro tipos de fenómenos no-naturales que generan esta sensación: embotellamientos, manifestaciones, bloqueos en carreteras, apagones; básicamente, todo evento que detenga el curso natural de nuestras actividades cotidianas. Eventos que arrestan y ofrecen un respiro ante la implacable progresión del tiempo y del automatismo humano. Aunque el tiempo sigue su marcha, al suceder un evento fuera de lo común uno puede dejar de ser o hacer lo que sea, para poder ser simple testigo.

Este alto temporal llega a suceder en ciertos momentos de algunas  películas, donde el tiempo fílmico se detiene y choca con la descripción de un tiempo real o no-narrativo, tal y como sucede en los siete y medio minutos finales de la película L'eclisse de Michaelangelo Antonioni. Famosa por su desenlace anticlimático (y aquí va un spoiler alert) en el cual la pareja conformada por Vittoria (Monica Vitti) y Riccardo (Alain Delon) acuerdan reunirse en el suburbio romano de EUR (Espozione Universale Roma) a las ocho de la noche del domingo diez de septiembre de 1961. Los personajes no llegan, la reunión no se lleva a cabo, pero la cámara sí lo hace; y como la cámara es incapaz de no-registrar, se da a la tarea de registrar los no-eventos que suceden en ese lugar, en ese domingo de hace cincuenta y tres años. Este final muestra rebanadas de la vida en un espacio, de la vida de las personas que vuelven a sus casas al atardecer en un domingo, durante ese breve lapso de actividad en las zonas residenciales que se da cuando las personas regresan a casa en busca de posada y alimento al caer la noche. Este final de Antonioni, aunque es en términos narrativos un anticlímax que deja en una relativa ambigüedad el destino de la historia que la película nos venía contando durante la hora y veinte minutos previos, tiene éxito en mostrarnos una rebanada de la vida en un punto específico en la tierra –life on earth– convirtiéndose en mi opinión en uno de los primeros y casi únicos tratados deliberados de psicogeografía visual en la historia del cine.

El protagonista de esos minutos finales no es un personaje, es un lugar; el final no es un evento, es el espacio vacío que la frustración de un evento acordado produce, un decepcionante y fascinante premio de consolación. Las ideas situasionistas de Guy Debord con respecto al aura y la atmósfera característica de ciertos lugares quedan así plasmadas en imágenes que navegan entre la imagen fija y la imagen movimiento. De acuerdo a Debord, la “psicogeografía se impone a sí misma como el estudio de las leyes precisas y efectos específicos que el ambiente geográfico produce, sean estos organizados conscientemente o no, sobre las emociones y conducta de los individuos”. Tanto el final de L'eclisse como el video de la granizada en YouTube cumplen en mi opinión los postulados de Debord en cuanto a  que son pasajes visuales que me mueven como espectador al tiempo que captan la atmósfera, la atmósfera de un lugar en un momento en el tiempo (al concentrarse Debord en la noción espacial de las ciudades, dejó de lado la temporalidad que también afecta la atmósfera de los lugares, elemento importante que deberíamos incluir en los análisis psicogeográficos de los espacios urbanos). Ambos son ejemplos de imágenes en movimiento que construyen una narrativa fincada en un tiempo y en un lugar, y que con distintos genes mandan el mismo mensaje al espectador, un mensaje acerca de la neutralidad y la hibernación de todo espacio público, que es sólo en ocasiones singulares cimbrada por eventos naturales y humanos. Ahora que lo pienso, siento que es probable que la secuencia final en L'eclisse haya sido informada por las ideas urbanísticas y estéticas de Debord (los siete años de diferencia entre el escrito de Debord y la película de Antonioni nos pueden dar pauta a pensar esto, es tiempo suficiente para que las ideas de Debord permearan culturalmente a los creadores de la época).

Menciono que ambas piezas tienen distintos genes por lo siguiente. En el caso de Antonioni, esa secuencia tiene los genes de un lenguaje cinematográfico sofisticado, y fue creada a partir de un guión pre-establecido, dentro del contexto de una producción cinematográfica de ficción.  En el caso de la granizada, además de haber sido capturado cincuenta y tres años después, se creó en el contexto de una documentación visual totalmente casual, espontánea y naive de un suceso real; dentro del contexto de una cultura de compartir de manera rápida e inmediata la producción visual en una plataforma social. Sin embargo, ambas piezas generan casi el mismo efecto en mi experiencia como espectador. Hoy en día la documentación de una situación puede ser realizada de manera documental (no-ficción) pero generar los efectos de una ficción. Llegamos ya a un punto histórico en el que el cinema of life puede ser capturado y distribuido sin la necesidad de un medio establecido o de un contexto narrativo, pedazos arbitrarios de la vida en la tierra que podemos accesar con la punta de los dedos e identificar con nuestra historia personal o con historias arquetípicas modelo (como lo son las historias de tormentas y fenómenos naturales). Ambos son válidos, son contrapeso y complemento de la experiencia de ser un consumidor de contenido visual en el siglo XXI. El terreno se está emparejando, el ojo democrático al que se refiere William Eggleston en su calidad de creador se está convirtiendo en una realidad, pero el twist que el siglo XXI está poniendo a esta noción es que los consumidores visuales también estamos desarrollando un ojo democrático. Esto es algo de lo que estoy agradecido, ya que este fenómeno amplía el espectro de la experiencia visual y narrativa de la vida, y hace que tanto L’eclisse como el video de la granizada estén ahí, flotando, siempre disponibles para mi disfrute y envidia. 

México, DF. Domingo cuatro de octubre del 2015.